05 Nov Entre el deseo y el abismo
Grace (Lawrence) y Jackson (Pattinson) dejan Nueva York para comenzar una nueva vida rural tras una serie de pérdidas familiares. Ella, una aspirante a escritora incapaz de escribir, y él, un marido bienintencionado pero ausente, construyen un espejismo de felicidad que se desmorona con el nacimiento de su hijo. Ramsay filma este deterioro como una sucesión de fragmentos oníricos, donde el tedio se vuelve físico y la frustración se transforma en delirio.
La película, más que narrar, vibra delante de nosotros, alternando planos cerrados, música insistente y un diseño sonoro que se cuela bajo la piel. Es un retrato implacable del encierro emocional, pero también una relato amargo sobre los mitos románticos de la maternidad.
En ‘Die My Love’, Jennifer Lawrence entrega una de sus interpretaciones más intensas. Su Grace es una mujer que oscila entre el éxtasis y la autodestrucción, atrapada en un entorno que es a la vez inmenso y claustrofóbico. Ramsay la sigue con una cámara que parece no darle respiro, encerrándola en un encuadre que refuerza la sensación de ahogo.
A pesar del caos emocional del personaje, Lawrence mantiene un pulso firme, evitando la autocompasión. Su actuación es física, impredecible y profundamente incómoda. Sin embargo, el guion no siempre le ofrece la estructura que necesita, y su locura acaba perdiendo matices conforme avanza la película.
Robert Pattinson, por su parte, aporta un contrapunto más terrenal. Interpreta a Jackson sin vanidad, mezclando ternura y desconexión. Su personaje representa a ese tipo de hombre bienintencionado que no entiende el dolor que lo rodea. Entre ambos se genera una tensión magnética, aunque Ramsay prefiere la introspección al conflicto, dejando que la historia se fragmente en viñetas sensoriales antes que en una progresión dramática. Es una apuesta arriesgada, poética por momentos, pero también agotadora.



